De acuerdo, al psicólogo social Jorge Yamamoto, de la Pontificia Universidad Católica del Perú, es posible que los sicarios o asesinos hayan activado genes de la violencia en sus hogares, donde podrían haber sido víctimas de maltrato físico, sexual o psicológico.
Esto significa -explica Yanamoto- que alguien puede tener la cadena de los genes de la violencia, pero si durante su vida no ha tenido cómo alimentarla, no será una persona violenta. Por esto, el psicólogo destaca que la importancia de las familias bien constituidas para la sociedad. También señala que la inclusión social ayuda a evitar frustraciones y posibles respuestas agresivas.
Por supuesto, otra explicación de la violencia está en la psicopatía. La persona con un problema de este tipo carece de sentimiento de culpa y agrede fácilmente.
Una tercera explicación sobre este tema la ofrece el neurólogo Javier Flórez del Águila, director del centro Diagnósticka: "La violencia es una de las funciones instintivas cuando el hipotálamo funciona mal. Se pueden presentar reacciones impensadas en ese estado. Y si a esto se agrega fármacodependencia o alcoholismo, entonces se bloquea el control que podría ejercer el cerebro y viene la violencia".
La ira, la agresividad o la violencia son emociones legítimas del individuo. Pero cuando sus manifestaciones afectan a los demás, hay que buscar un mecanismo de control y protección de la población.
Hay un tipo de violencia que surge como consecuencia de una enfermedad, la epilepsia temporal. Como indica el neurólogo Javier Flórez, no se presenta como convulsiones, sino con actos de violencia que luego el enfermo no recuerda. Por momentos se 'desconecta', agrede y vuelve sin recuerdos de lo que ha hecho. Esto se debe a una lesión en el lóbulo temporal, que podría deberse a un traumatismo muy severo. En general, las lesiones que producen la epilepsia temporal son congénitas (de nacimiento), no genéticas (heredadas).
Si una persona comete un asesinato en una crisis de epilepsia temporal, sería inimputable, opina el doctor Florez. Por supuesto, habría que demostrar que la enfermedad existe con una resonancia magnética o un electroencefalograma.
Fuente: El Comercio. Mi hogar, página 10. Domingo 1 de abril del 2011.
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